30.11.11

Una recopilación de programas interesantes que suelo ver y que son una bonita excepción a la mediocridad y cutrez que la telebasura esparce en nuestras vidas. La prueba irrefutable de que existen alternativas para ver la televisión (y además se pueden ver todos los contenidos por Internet).

Spectacle. Elvis Costello with...
Un espacio donde Elvis Costello entrevista en profundidad a una figura de la música, con actuaciones en solitario, a dúo e improvisación. Una delicia para los oídos y para el intelecto. Personas interesantes con vidas interesantes.

Saturday Night Live.
Sin duda, uno de los mejores programas de humor de la televisión, con estrellas invitadas y actuaciones musicales en directo. Grandes actores cómicos se han consgrado en la TV y el cine después de pasar por este show producido en los estudios de la NBC en New York.

The Colbert Report.
Un programa de entrevistas en clave de humor, siempre con la mira puesta en los asuntos locales de los Estados Unidos, con actuaciones musicales y muy mala leche.

Ilustres ignorantes.
Uno de los mejores (sino el mejor) programa de humor de la televisión española. Programa conducido por Javier Coronas con Pepe Colubí, Javier Cansado y dos humoristas invitados. Improvisación centelleante.



Later... with Jools Holland.
El programa musical definitivo, con actuaciones en directo y entrevistas. Calidad absoluta.
Tele de altura
15:46

Tele de altura

Confieso que he pasado muchos ratos viendo fotos en The Magic Bus. Algunas veces hasta bien entrada la madrugada. Me gusta el estilo porque prima más capturar el momento que hacer fotografías técnicamente perfectas y me gustan los temas: el mar, el surf, la naturaleza, el viaje y la aventura.

Siguiendo la pista del blog, he descubierto que la persona que elige con tanto tino y buen gusto las fotos es una joven norteamericana llamada Maddie Joyce (su trabajo en Flickr). Y resulta que tiene un gran talento para la ilustración, la fotografía y el arte, es una enamorada del surf y -OMG!- es una chica preciosa.
Maddie on a trip
Mostrando uno de sus cuadros
Parte de su trabajo...






Maddie Joyce, una artista de la que enamorarse
7:30

Maddie Joyce, una artista de la que enamorarse

29.11.11

Dion Agius es un surfista nacido en Tasmania y crecido en Currumbin, en plena Gold Coast Australiana, que pese a no tener formación específica en fotografía atesora una intuición sobrenatural para captar el pulso de cada instante. Tal como él mismo explica: "A good photo could be something that might stir up a little emotion in you, make you think, or just strike you visually in a certain way".

Para mí, en este set ha conseguido las tres cosas.




(Vía Witness This)
Underwater: un set muy especial de Dion Agius
7:00

Underwater: un set muy especial de Dion Agius

27.11.11

"Buenaaas... ¿que tal está rompiendo?". Y aunque todo el lineup se giró a admirarla, nadie se atrevió a contestar.

"No tengas prisa que yo te espero"... la declaracion de amor más auténtica para un surfista.

Pensamientos ilustrados
16:56

Pensamientos ilustrados

Picasso pintando con luz para la revista LIFE 1949
Genius at work
11:30

Genius at work

23.11.11

Pinturas hiperrealistas con predominio del blanco, negro y gris son la seña de identidad de esta artista afincada en el sureste de Francia y que surfea las escasas y preciadas olas del Mediterráneo. Un enfoque fotográfico para estos óleos que transmiten a la perfección el movimiento y las escenas asociadas al surfing.

En palabra de la propia Julie: "Hagas lo que hagas, no importa cómo, el surf siempre es una experiencia mística. Creo que el ser humano y los elementos se conectan a través del surf. Mi trabajo es ambivalente. Uso una técnica clásica para abordar temas de actualidad".



 Vía Club of the Waves.
Julie Merian, surf art mediterráneo y gris
22:08

Julie Merian, surf art mediterráneo y gris

Foto: Clarck Little
The Green Room... a great place to be.
The Green Room
14:08

The Green Room

22.11.11

El verano languidecía en Ventura Bay y el viento de la tarde era fresco y persistente. Llegaron a su destino con cierta inquietud, guiados por un viejo taxista que no parecía de fiar. La entrada del almacén estaba en la parte trasera del edificio. El taxi se detuvo y el viejo les acompañó por un angosto callejón que lindaba con el edificio contiguo. Giraron y al llegar al patio trasero les sorprendió ver un jardín perfectamente cuidado, un comedor con sillas de madera bajo un cenador de lona y una pequeña piscina. Aquello no tenía nada que ver con el mal estado de la entrada principal del edificio. Era un pequeño oasis resguardado del viento en medio de uno de los peores suburbios de la ciudad.

-Jimmy, ¿estás ahí?- gritó el viejo.

Un momento después, asomó de la puerta del almacén la cabeza pelada y sonrosada de Jimmy Sontack.

-¿Qué pasa?- saludó con una gran sonrisa, estirando exageradamente la ese.

-Te traigo un par de clientes- dijo el viejo señalando a Mike y Andrea que saludaron tímidamente.

-¡Pasad! Bienvenidos a mi casa- dijo Jimmy terminando de abrir la puerta.

Entraron despacio, observando con mucha atención todos los detalles de la estancia. Esperaban un almacén sucio y desordenado pero en su lugar encontraron un salón muy acogedor. Había algunas fotos colgadas en la pared con escenas de surf y un montón de tablas perfectamente alineadas. En una esquina una enorme librería aguardaba atestada de libros y recuerdos de infinitos viajes. En el centro del techo una gran claraboya se abría a un torrente de luz natural que iluminaba toda la estancia. Sintieron una agradable sensación de hospitalidad, como si conocieran el lugar desde siempre.

Jimmy les acompañó a través del salón hacia otra habitación donde había colocado un pequeño despacho y les invitó a sentarse. Sacó un viejo cuaderno del escritorio, buscó una página en blanco y se preparó para tomar notas.

-Bien chicos, decidme que os trae por aquí- preguntó enarcando las cejas y esbozando una sonrisa.

Mike y Andrea se miraron y con un gesto casi imperceptible y muy femenino, ella instó a Mike para que hablara por los dos.

-Eh… bueno… hemos venido a hacerle un pedido. Queremos que nos haga una tabla a cada uno.

Jimmy les miró con curiosidad. Ninguno parecía haber pasado los diecisiete. Su viejo taller hacía casi dos décadas que había dejado de tener éxito. Ya casi no se producían tablas allí y Jimmy se ganaba la vida vendiendo viejas reliquias a snobs enamorados del surf clásico. Pero esos chicos no parecían ese tipo de surfista.

-¿Por qué yo?... estáis en una de las capitales mundiales del surf. Hay un montón de talleres de shape y seguro que casi todos son mejores que éste.

-Tenemos nuestras razones, señor Sontack. Conocemos su trabajo y nos encanta. Queremos que usted nos haga esas tablas.

-Por favor- añadió Andrea, mirando a Jimmy con los ojos azules abiertos de par en par.

Jimmy les miró sorprendido. No se parecían en nada a sus clientes habituales y pensó que allí había gato encerrado. Sin embargo, pudo más su curiosidad. Además, al fin y al cabo eran clientes y no estaba el negocio como para rechazar un trabajo.

-Está bien, lo haré.

Mike y Andrea se miraron aliviados. En los siguientes diez minutos Mike desgranó uno por uno todos los detalles de las tablas. Jimmy no dejó de tomar notas a la vez que imaginaba mentalmente las proporciones. Aquel chico le estaba describiendo una joya. Una tabla para olas potentes, equilibrada y progresiva. Y para la chica un shape más refinado y polivalente.  La cantidad de medidas, curvas y proporciones que describía Mike abrumaron a Jimmy.

-¿Os vais a las islas o qué? ¡Esto que me estáis pidiendo es muy radical!

Los chicos se rieron al oír ese adjetivo que ya nadie usaba, pero que a ellos les resultaba tan familiar. Un destello de orgullo les cruzó la mirada. Pero no contestaron. Sencillamente Mike siguió dando detalles cada vez más precisos sobre las tablas. Cuando hubo terminado, se recostó en la silla y esperó ansioso la reacción de Jimmy.

-Esto va a ser un reto, ¡ya lo creo!... ¿Dónde has aprendido tanto sobre diseño de tablas?.

-Supongo que mirando… Me encanta surfear.

-¡Y a mí!- aclaró sonriente Andrea.

-Ya veo, ya veo… Sigo pensando que aquí hay gato encerrado, pero ¡demonios!, si consigo fabricar lo que me pides ¡voy a rejuvenecer diez años!

Los tres rieron relajados. Andrea miró a Mike un momento y reconoció en sus ojos un sentimiento propio: ambos se hubieran quedado toda la tarde allí, viendo trabajar a Jimmy y escuchando sus historias sobre olas y aventuras alrededor del mundo. Nada les hubiera gustado más. Pero no podían. Tenían que volver a casa. Así que aclararon algunos temas sobre los plazos de entrega, acordaron el precio y se despidieron de él.

...

Tres semanas más tarde Mike y Andrea volvieron al taller tal como habían acordado. Jimmy les esperaba impaciente. Había sido un trabajo duro con escaso margen para la improvisación, pero el resultado era inmejorable.

Cuando traspasaron el umbral del taller, vieron las relucientes joyas apoyadas en la pared del fondo. La de Mike era tres pulgadas más larga que la de Andrea, con cantos afiladísimos y un pin tail que hacía soñar con tubos con sólo mirarlo. Por toda decoración Jimmy pintó lo que Mike le había indicado: una M mayúscula roja. La de Andrea lucía un A en color verde. Eran de una pureza de líneas casi mística. Verlas te trasladaba a arrecifes de coral bañados por el Índico. Eran la perfección.

Mike y Andrea las acariciaron en silencio, admirando los detalles. El polvillo sobre el plug del invento denotaba su reciente creación. El leve y dulce olor de la resina las envolvía. Algo sobrenatural parecía latir en su interior.

-Son magníficas…- acertó a decir Mike mientras seguía el contorno de la M mayúscula con los dedos.

Una sensación difícil de explicar les sobrecogió a ambos y cruzaron sus miradas con la de Jimmy, brillantes de pura emoción.

-¡Muchas gracias!- susurró Andrea y con un gesto de infinita ternura abrazó con cariño a un sorprendido Jimmy.

Los tres rieron con ganas. Mike y Jimmy se dieron la mano.

-Algún día tendréis que volver y explicarme que ha sido todo esto. Estoy ante mis dos mejores creaciones y resulta que han sido dictadas al detalle por un chaval adolescente y su curiosa amiga…

-Hermana, - interrumpió Mike – su curiosa hermana.

Se despidieron y Jimmy volvió a su taller, profundamente intrigado.

...

Mike y Andrea llegaron a casa bien entrada la noche. En el sofá dormitaba su madre. Ambos la besaron y, sin hacer ruido, salieron por la puerta de atrás y siguieron hasta el cobertizo que tenían en el jardín. Abrieron la puerta y vieron las herramientas de su padre esparcidas alrededor de un blank de foam a medio moldear. En la pared había infinidad de esquemas y dibujos, listas de medidas y de materiales. Ambos los admiraron de nuevo, tal como llevaban haciendo desde hacía semanas. Uno tras otro fueron observando los bocetos, deteniéndose en cada uno como si anduvieran por un museo. Cuando llegaron al último ambos se miraron. Una M roja y una A verde lucían pintadas sobre el dibujo de dos tablas.

-Ya está papá -murmuró Mike- Gracias por nuestro regalo.

Y al salir del cobertizo miró al cielo estrellado buscando el guiño de su padre.

**Escribí este cuento, con el mismo título, para el blog SurfStories (ya no está online) y para la web Mallorcasurf.com y ha sido corregido para esta entrada.
El regalo
22:07

El regalo

Cuando veo gente como Steph Gilmore, feliz, hermosa y enamorada de la vida, le doy gracias a la evolución por haberla traído hasta aquí. Además no se trata de una surfista de postureo que se dedica sólo a vender camisetas y vestidos. La chica es tetracampeona del mundo de surf... en años consecutivos.




Aquí podéis seguir sus posts en el blog de Quiksilver o su cuenta en Twitter (@Steph_gilmore).
Stephanie Gilmore, felicidad, surf y estilo
9:26

Stephanie Gilmore, felicidad, surf y estilo

21.11.11

La única queja que tengo de ser una Playmate es que ya no surfeo tanto como antes.
Vía The First Point.
El surf por encima de todo
16:00

El surf por encima de todo

16.11.11


En este vídeo se puede ver a Ricky Brotini en el Singlefin.it Classic Festival of Surfing 2011, desplegando su arte en directo sobre una tabla de surf.


Podéis ver algo más del interesante trabajo de Brotini en su perfil de MySpace (via The Boda Surfamily)
Ricky Brotini, retratos de surf
16:48

Ricky Brotini, retratos de surf

15.11.11

Cuando alces el vuelo,
dónde huya tu mirada,
dondequiera que vayas,
allí estaré.

Dónde el mar de tus ojos
desborde las orillas
e inunde nuestra tierra,
allí estaré.
Dónde tu risa resuene,
conjure la tormenta
y nos traiga primavera,
allí estaré.

Y cuando el tiempo te venza,
o la tristeza te lleve,
dondequiera que llegues,
allí estaré.
Allí estaré
16:00

Allí estaré

14.11.11

Nunca dejes de remar.
Foto: Jack Delamare
La verdadera fe
9:24

La verdadera fe

13.11.11

El surf es una terapia poderosa. Para las personas normales como nosotros representa una válvula de escape legal para los problemas y los agobios de nuestro tedioso día a día. Nada del otro mundo. Pero para soldados de élite que han vivido situaciones traumáticas puede ser la salvación completa. Puede ser la barrera que les preserva de la enfermedad mental.

Con esta premisa el realizador Doug Walker ha grabado un documental que captura el regreso a casa de un grupo de Navy Seals que encuentran en el surf un modo de sanar las heridas piscológicas producidas por la guerra. Tal como dicen en la intro del vídeo: "el océano es mágico y misterioso y les permite disfrutar de paz y soledad".

Aquí teneis el teaser del docu:
Soldier Surfer: el surf como terapia
7:18

Soldier Surfer: el surf como terapia

11.11.11




Gracias a Jorge por los videos!
Que sí... que sí que hay olas
7:30

Que sí... que sí que hay olas

10.11.11



Fue un buen día de surf, en este otoño de 2011 que está resultando tan generoso. En el video aparecen varios spots de la zona norte y las mejores olas del baño que me dí en una conocida izquierda (dejé la cámara grabando sobre una roca, las imágenes no son de gran calidad). El cielo estaba azul, el aire limpio y saturado de sal marina y las olas rompían con fuerza y tamaño. Un día australiano en nuestro querido Mediterráneo.

November swell en la costa norte de Mallorca

9.11.11

Desde niño siempre me han gustado mucho los libros de fotografía de gran formato. Recuerdo una enorme colección que teníamos en casa sobre natrualeza y uno en especial que era sobre el mar, con fotos a página completa de arrecifes, ballenas, tiburones, peces de colores, barcos y olas.

Durante mi vida he ido adquiriendo unos pocos más a través de regalos o comprándolos directamente. También he diversificado los temas, pero el mar sigue siendo uno de los centrales.

A través de Club of the Waves descubro una obra maestra de la fotografía de surf a cargo de Jim Russi, un libro de gran formato titulado: Flying through the clouds.


Tal como explican en la web el libro "captura el mundo del surf a través del lente del mundialmente conocido fotógrafo Jim Russi. Más de 180 fotos deslumbrantes de todo el mundo llevan al lector a navegar a través de Hawaii, Tahiti, California, Puerto Rico, México, Fiji, Bali, Indonesia y las islas frente a Sudáfrica. El texto que las acompaña proporciona historias de viajes por el mundo del fotógrafo, añadiendo una dimensión adicional a las fotos y a los encuentros con celebridades de mundo del surf".



Volando a través de las nubes
15:23

Volando a través de las nubes

7.11.11

Fue un hecho sin importancia, pero suelo recordar este tipo de cosas. Sucedió hace años, cuando yo acababa de doblar los treinta. Solía volver del trabajo por una calle que está cerca de un instituto de secundaria. A la hora que yo pasaba por allí, más o menos las tres y cuarto, solía coincidir con grupos de chavales que acababan de salir de clase.

La mayoría de ellos eran ruidosos, asilvestrados y hablaban a gritos queriendo llamar la atención. Pero siempre había excepciones. Una chica que leía un libro en la parada del bus, un par de chicos que discutían con moderación y sólidos argumentos sobre el partido del día anterior e incluso un día vi a uno salir con un par de periódicos bajo el brazo. Gente rara, supongo.

A mí me encantaba ver que pese a la televisión, pese a la ESO y a todos los prejuicios de los que ya habíamos dejado atrás la infancia, había chicos de todo tipo. Y todos reivindicaban su sitio, su manera de ser y su trozo de futuro. El que nosotros estábamos ocupando.

En ésas estaba cuando sucedió. El semáforo de peatones acababa de ponerse en rojo y me detuve ante el aturullado fluir del tráfico. A mi lado se pararon dos chavales, mochila al hombro. Uno venía burlándose del otro que permanecía impasible y con la vista clavada en el semáforo del otro lado de la calle.

-¡Crucemos ya!- dijo el primero.
-¿No ves que está en rojo?- contestó el otro.

Pese a la evidencia, el primero decidió cruzar y tuvo que sortear dos coches y una sonoro claxon antes de llegar al otro lado, con aire triunfal.

-¡Cruza ya pringao!- gritó desde el otro lado.

Mi compañero de semáforo siguió impasible, aunque con cierto aire de fastidio por estar llamando la atención por culpa de su amigo.

-¡Lo que te pasa es que no tienes huevos!- gritó de nuevo desde la orilla opuesta, ahora rematando la jugada con una burlona carcajada.

Miré de soslayo a mi estoico compañero y me pareció ver una media sonrisa asomando en su rostro, la misma que luce el jugador de ajedrez cuando contempla el movimiento en falso de su oponente que le pone el jaque mate en bandeja de plata.

-Lo que no tengo es prisa, idiota- sentenció.

Confieso que exageré la sonrisa que me provocó la réplica. Lo hice sólo con el objetivo de que el perdedor de la otra orilla se avergonzase aún más. Que descubriera que no sólo su amigo había disfrutado con aquello. El semáforo se puso en verde y ambos cruzamos despacio y con paso seguro, albergando la secreta satisfacción de la victoria.

Cruzando la calle

1.11.11

En el mundo del surf existe un estado de ánimo díficil de explicar con palabras. Es una mezcla de emoción y delirio que nos sobreviene cuando una buena ola o una buena sesión de surf nos impacta profundamente. En inglés existe una palabra que lo define a la perfección: estar stoked.

Tal como lo explican en el Urban Dictionary: to be "stoked" is to be completely and intensely enthusiastic, exhilirated, or excited about something. Those who are stoked all of the time know this; being stoked is the epitome of all being. When one is stoked, there is no limit to what one can do.

Como se ve, es algo difícil de entender. Qué mejor que el surfer aventurero Kepa Acero para ilustrar en un video lo que significa ese delirio. Él no es así siempre. Está así porque está stoked.

Stoked: ¿giro o tubo?
8:12

Stoked: ¿giro o tubo?