Caminábamos deprisa y hablábamos en voz baja. Se diría que, como imanes expuestos por el mismo polo, nos repelíamos pese a querer estar pe...
Caminábamos deprisa y hablábamos en voz baja. Se diría que, como imanes expuestos por el mismo polo, nos repelíamos pese a querer estar pegados. Tal era la sensación que entre ambos parecía bailar una línea de aire, un espacio vacío infranqueable.

Mirábamos obstinados al frente, con el gesto crispado y los hombros bloqueados por una situación que parecía fuera de control, traspasadas por mucho las líneas rojas de lo que considerábamos tolerable.

Estábamos discutiendo.

Volviste tus grandes ojos verdes hacia a mí. O contra mí. Quisiste mirarme directamente a la cara, pero rehusé el contacto volviéndome hacia el mar. Moviste tus labios con severa y cortante urgencia, pronunciando algo que me estremeció e hizo que parase de golpe. Tú seguiste aún un par de pasos, pero al final te detuviste. Te quedaste quieta, con una actitud parecida a quién olvida algo y no sabe exactamente qué es. Como esperando que la respuesta se revele por encantamiento.

Nos quedamos así un momento. Separados, dándonos la espalda y mirando en direcciones opuestas mientras el viento arreciaba y barría la escena. La racha te revolvió el cabello. Levantaste la mano para recoger un par de mechones tras la oreja y las pulseras que llevabas en la muñeca tintinearon suavemente.

Allí estaba la que te regalé. Una pulsera de plata con pequeños colgantes en forma de luna que recorrían las cuatro fases: llena, creciente, menguante y nueva. Nos miramos de nuevo y susurraste algo sobre un final y una despedida. El viento sopló de nuevo y se llevó tus palabras. Deseé con todas mis fuerzas que las hiciera desaparecer, pero el viento, más que desvanecerlas, les dio consistencia y vida. Las hizo tangibles.

Te acercaste a mí. La mirada severa se volvió blanda. Arrugaste la frente en un gesto de compasión que me partió en dos. Te pusiste de puntillas y me besaste en la mejilla. Luego, con un nuevo tintineo de tus pulseras, te alejaste de alli siguiendo el paseo junto a la playa.

Y yo me quedé descolocado y roto, a solas con el viento. Sin otra cosa que hacer que tratar de cazarlo en mis pensamientos.

2 comentarios:

  1. Triste y muy bonito tu texto. Viento, lágrimas, mar...

    Como en este haïku de Basho
    "La tempestad sopla
    el rostro
    de alguien empapado."

    Feliz día

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  2. Muchas gracias! Por leerlo, por apreciarlo y por el haiku ;-)

    Feliz día para ti también.

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