-¿Y ahora qué? -Pues ahora saldrás ahí, hablarás con él y le dirás lo que sientes. La seguridad al responder la dejó admirada como de c...
-¿Y ahora qué?
-Pues ahora saldrás ahí, hablarás con él y le dirás lo que sientes.

La seguridad al responder la dejó admirada como de costumbre. Estaban en el baño mirándose al espejo y oyendo la música de la fiesta amortiguada tras las paredes.

-¿Estás loca? Imposible. No me atrevo.
-Nada es imposible. Si yo me atrevo, tú te atreves.
-¿Es que no entiendes que si nos descubre todo puede salir mal?
-Claro que lo entiendo. Y sí querida, puede salir mal. Pero para eso estoy yo aquí.

Rieron y, con mucho cuidado, se colocaron en la coleta un par de mechones sueltos.

-¿De verdad he de hacerlo?
-Yo estaré ahí para apoyarte. Pero en la distancia. Es mejor que no me vea.
-Bueno, pues allá voy. ¡Deséame suerte!
-No te hace falta; me tienes a mí.

Salieron juntas del baño. Ella y su reflejo.

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